Ser data-driven no va de números: va de escuchar mejor y tomar mejores decisiones
- Billy Pastena
- hace 3 días
- 3 Min. de lectura
En farma hablamos mucho de omnicanalidad, de personalización y de poner al HCP en el centro. Pero hay una base silenciosa que hace que todo eso funcione (o no): ser data-driven de verdad.

Y ojo, ser data-driven no es vivir obsesionados con dashboards ni pasar el día mirando métricas. Es algo mucho más práctico y humano:👉 escuchar lo que pasa, aprender de ello y ajustar el siguiente paso.
Data-driven no es obsesión por métricas, es atención al detalle
Cuando hablamos de datos, muchos piensan automáticamente en dashboards, KPIs y gráficos. Pero en el día a día, el enfoque data-driven empieza mucho antes y es mucho más simple.
Empieza cuando nos preguntamos:
¿Qué despertó interés real?
¿Dónde hubo continuidad?
¿Qué mensaje no generó respuesta?
¿Qué patrón se repite?
Los datos no sustituyen nuestra intuición ni nuestra experiencia. La complementan. Nos ayudan a confirmar sensaciones, a detectar matices y a no tomar decisiones basadas solo en una impresión puntual.
Los datos no enfrían la estrategia; la hacen más consciente.
Omnicanalidad: cuando todo forma parte de una misma conversación
En omnicanalidad nada ocurre de forma aislada. Cada impacto deja una huella que influye en el siguiente contacto.
Una visita abre un tema.Un email lo refuerza.Una interacción digital confirma interés… o silencio.La siguiente visita recoge todo ese contexto.
Cuando analizamos los datos de forma conectada, dejamos de ver acciones sueltas y empezamos a ver una conversación continua. Herramientas como Veeva Systems CRM permiten precisamente eso: unir los puntos y entender el recorrido completo.
No para evaluar personas.👉 Para entender comportamientos.
Escuchar también es saber leer lo que no se dice
En un entorno omnicanal, el feedback no siempre llega en forma de comentario directo. Muchas veces llega de manera silenciosa, pero muy clara para quien sabe observar.
Escuchamos cuando:
Un contenido se abre varias veces
Un canal empieza a perder respuesta
Un tema genera continuidad en el tiempo
Un impacto no provoca ningún movimiento
Todo eso es información valiosa. No es buena ni mala. Es aprendizaje.
Ser data-driven es entrenar la capacidad de leer esas señales y usarlas para ajustar el siguiente paso con más precisión.
Un ejemplo muy real del día a día
Imaginemos una situación habitual.
Después de una visita, compartimos un contenido. Vemos que se abre, incluso más de una vez, pero no hay interacción posterior con otros materiales relacionados.
Un enfoque puramente reactivo podría llevarnos a pensar que “no funcionó”.Un enfoque data-driven nos lleva a otra pregunta:
¿El tema interesa, pero el formato o el momento no encajan del todo?
Ese pequeño cambio de enfoque es clave. No se trata de insistir más, sino de afinar mejor.
Ser data-driven como hábito, no como obligación
Cuando los datos se integran de forma natural en la rutina, dejan de ser algo externo y pasan a formar parte de cómo trabajamos.
Poco a poco ocurre esto:
Ajustamos mensajes con más criterio
Elegimos mejor el canal y el momento
Evitamos repetir por inercia
Construimos experiencias más coherentes
El dato deja de ser un fin y se convierte en un medio para mejorar.
La omnicanalidad madura cuando cada interacción deja un aprendizaje.
Checklist práctica para un enfoque data-driven positivo 📊
Analizar patrones, no solo acciones puntuales
Cruzar información de varios canales
Traducir el dato en una decisión concreta
Preguntarnos siempre “¿qué nos está diciendo esto?”
Compartir aprendizajes dentro del equipo
Ajustes habituales que marcan la diferencia
En el camino hacia una cultura data-driven, hay pequeños cambios que ayudan mucho:
Mirar el contexto antes de sacar conclusiones
Priorizar tendencias frente a resultados aislados
Usar los datos para evolucionar, no para comparar
Entender que cada señal suma, incluso el silencio
La clave está en interpretar, no en acumular información.
El verdadero valor de trabajar así
Cuando adoptamos un enfoque data-driven desde el aprendizaje:
Tomamos decisiones con más seguridad
Respetamos mejor el ritmo del interlocutor
Optimizamos el esfuerzo sin perder calidad
Creamos experiencias más relevantes y sostenibles
Los datos no nos dicen qué hacer; nos ayudan a hacerlo mejor.
Ser data-driven no es una tendencia ni una exigencia tecnológica. Es una actitud profesional basada en escuchar, aprender y retroalimentar cada paso de la estrategia.
En omnicanalidad, ganar no es impactar más, sino conectar mejor.Y para conectar mejor, primero hay que saber escuchar.
Cuando usamos los datos con criterio y mentalidad positiva, la estrategia deja de ser estática y se convierte en algo vivo.Y ahí es donde realmente empieza a funcionar.





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